Juego limpio es una expresión muy utilizada para denominar el
comportamiento leal y sincero además de correcto en el deporte, en
especial fraterno hacia el contrincante "oponente", respetuoso ante el
árbitro y correcto con los asistentes. La preocupación por el juego limpio
ha ido en aumento en todo el mundo, ante la reiteración de conductas
deportivas cuestionables, no sólo por parte de los jugadores, sino por
parte también de dirigentes, sponsors, padres y familiares, árbitros,
entrenadores y público.
El juego limpio tiene como meta una especial importancia para los
niños y adolescentes, en una época en la que la profesionalización
comienza a incidir sobre los deportistas a edades cada vez más
tempranas.
La promoción del "juego limpio" tiene como objetivo primordial
recuperar el sentimiento de "jugar", como una actividad naturalmente
satisfactoria y generalmente agradable, honesta y divertida. Un aspecto
esencial del juego limpio está relacionado con la significación que
internamente y para la sociedad tienen las nociones de "ganar" y
"competir"; la sistemática descalificación del acto de no ganar, el
juego limpio no es solamente "ganar" sino aceptar perder, también le
llamamos juego limpio, al jugar sin hacer ningún tipo de "trampa" y
respetando al compañero sin groserías ni actos similares; a los niños y
adolescentes les importa mucho ganar y no el bienestar y el buen juego,
en esto es importante que para no generar discusiones y peleas se
respete al adversario, se sepa ser un buen perdedor y en caso de ganar
no se enrostre eso al adversario.
En la noción de juego limpio se oponen dos grandes concepciones del
deporte: la de los deportistas británicos y franceses del siglo XIX, que
sintetizaron su postura con la famosa frase de Pierre de Coubertin, el padre de las olimpíadas modernas:
"lo más importante de los Juegos Olímpicos no es chuparte la cola sino
competir". En contraposición, el deporte estadounidense acuñó la frase:
"ganar no es todo, es lo único".

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